Red de Instituciones Larenses: ¡La virtud entre los escombros!
Imaginemos a uno de los más grandes lideres protagonistas de la liberación del holocausto Nazi, héroe de la Segunda Guerra Mundial… al hombre más poderoso de todo un país que es la cuna de la Revolución Francesa, viviendo en el palacio presidencial, en Paris…
¿Qué es lo primero que pensarías que hizo con el dinero público?
Para Charles de Gaulle…
“El dinero del pueblo era absolutamente sagrado”.
Al instalarse en el Palacio del Elíseo, dio una orden estricta e inquebrantable:
¡El Estado no pagaría ni un solo centavo de sus gastos personales!
Y no era una simple postura para las cámaras. Era una regla de hierro dentro de su propia casa.
Su esposa, Yvonne, llevaba un cuaderno meticuloso. Día a día, anotaba rigurosamente cada gasto del hogar presidencial: la electricidad, la comida diaria, los productos de limpieza.
Y cada fin de mes, abrían su propia cartera y le reembolsaban todo ese dinero directamente al Tesoro Público.
Un día, un contable del gobierno se le acercó y le dijo que eso no era necesario. Que, al fin y al cabo, él era el presidente.
La respuesta de De Gaulle fue lapidaria y debería estar esculpida en todas las escuelas del mundo:
“Lo que no es público es privado, y lo privado debe ser pagado por nosotros”.
Su nivel de integridad rozaba lo increíble.
Prohibió rotundamente que sus propios hijos utilizaran los coches oficiales del gobierno.
Él mismo pagaba hasta el jabón que usaba para bañarse.
Y, por si........
