IA, ser humano y el Vaticano
Cuando la búsqueda de datos para escribir un artículo, un ensayo, un informe o un libro, se le deja a una máquina dotada de Inteligencia Artificial, cuando se le pide a un “agente” que elabore una carta o presente una investigación, de cierta forma estamos renunciando a nuestro «yo», a nuestro criterio, a nuestro enfoque. Consecuencias muchas, pero una de las cuestiones que más preocupa es la desaparición de la individualidad, del estilo, la impronta, la huella, el sentimiento, cualidades que distinguen a un ser de otro, amén de que, en ocasiones ciertos usos se pueden apartar de lo ético, de lo moral y al final, lo más grave, sería llegar a la dependencia total del ser humano a los dictados de una máquina, por tanto, renunciar a la creatividad y a la diferencia.
En un reciente seminario, al cual asistimos, promovido por la Academia de Mérida, la Universidad de Los Andes y el Colegio de Médicos del Estado Mérida, denominado “Seminario Interdisciplinario sobre Gobernanza Cognitiva de la Inteligencia Artificial”, en una brillante exposición, la doctora María Alejandra Villasmil Rubio, como conclusión final de su charla dijo: “ La inteligencia artificial tiene el potencial de amplificar las capacidades humanas a niveles sin precedente, pero solo si su diseño arquitectónico garantiza que la tecnología permanezca al servicio de la persona y los valores democráticos. La gobernanza cognitiva no es una restricción a la innovación, sino el mecanismo que asegura que dicha innovación sea sostenible, ética y verdaderamente inteligente”. Controlar una herramienta tan poderosa se tiene que basar en normas legales y reglas estrictas, así como en la implementación de políticas, procedimientos y técnicas que garanticen su uso ético y seguro para el ser humano, buscando y minimizando los probables riesgos por inequidades, ilegalidades, poca transparencia o sesgos cognitivos.........
