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El momento histórico de las ideas

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15.03.2026

Dijo Víctor Hugo que cuando una idea tiene su momento histórico nada puede detenerla. Esta frase la recordamos en acto, sencillo cálido y semilla de porvenir que realizamos en el Club Torres de Carora, en el marco de un proceso de evaluación de nuestro pasado reciente, sobre el cual no tenemos un registro acertado.

El motivo principal del evento fue la presentación y donación de varios libros de Luis José Oropeza, empresario, político, financista y custodio de la memoria de Rómulo Betancourt, de quien fue su discípulo y amigo.

Tocó a este articulista ser uno de los ponentes ceremoniales, junto al jurista kantiano Jairo García y el escritor Cecil Álvarez. Reproduzco las palabras dichas.

En el largo y huidizo camino hacia los tesoros escondidos en el vientre vegetal de las nuevas tierras conquistadas, los españoles para aliviar un poco la fatiga de estos recorridos extenuantes entre Coro y El Tocuyo, construyeron una estación de paso en la aridez indígena de Carora.

Allí se asentaron colonos del arado y la siembra con intención de refundar sus hogares ultramarinos. Así comenzó la batalla contra la sed y la canícula implacable, inspirados en la fe como motor irreductible de la esperanza.

Desde un primer momento estos pioneros buscaron su tesoro en las faenas agrícolas y pecuarias y desecharon la ilusión de riquezas ignotas, a obtener bajo la furia de la espada y el mosquete, se organizaron en torno a cofradías para el sustento laborioso y no en torno a cuarteles para probar fortuna con el expolio.  

Con este esquema simple de supervivencia ayuntaron el trabajo y la fe como bueyes incansables para su triunfo sobre el ambiente inhóspito. Sumaron a esta yunta la educación y con base a ella desarrollaron personas inteligentes que con sabiduría pusieron las ideas coma baqueanas del progreso y así iniciaron una lucha generacional que permitió a Carora ser referente nacional de autonomía económica y cultural.

Sería largo e injusto citar nombres de los guías intelectuales que enrumbaron el progreso socioeconómico y cultural de Carora, porque además de que la memoria es traicionera y selectiva dejaríamos ocultos a personajes que en la brega diaria entre el papel y la idea, ofrecieron su aporte en los salones del bajo perfil, lugares donde las ideas disfrutan de la serenidad castalia de la soledad creativa.

Lo importante es que siempre hemos tenidos sabios doctores que con pensamiento trascendente y propositivo han llevado con dignidad el farol que nos ha permitido avanzar por entre las sombras de la incertidumbre y uno de ellos , sin lugar a dudas es Luis José Oropeza Álvarez, a quien le podemos ubicar como líder en varias categorías de actividad pública. Ministro del Gobierno Nacional, Presidente de Bancos públicos y privados, empresario que impulsó corporaciones exitosas, político de alto relieve a nivel nacional, y como lo asumimos quienes hoy le acompañamos en su iniciativa de promover un análisis colectivo en Carora sobre las raíces doctrinarias de la democracia venezolana, como un escritor de enjundia sociológica quien mediante sus libros nos ofrece una visión nítida sobre el proceso republicano de Venezuela en el siglo XX y lo que va del XXI.

Luis José Oropeza no solamente es un intelectual denso que reta al lugar comunismo de la historiografía laudatoria, desafiando los paradigmas teóricos que sustentan el desarrollo conceptual de las ciencias políticas en Europa continental, donde Rousseau es la fuente primaria de donde nacen las visiones democráticas sobre las cuales hemos construido el sistema democrático en Venezuela. Luis José Oropeza casi de soslayo pero con una contundencia fatal, pone el dedo acusador sobre esta heredad del pensamiento para destacar que fue Locke quien siempre tuvo la razón al explicar que la libertad y la propiedad privada eran los ejes axiales de una democracia sustentable y no la renuncia de derechos individuales para fortalecer el dominio de gobiernos basados en tesis sociales igualitaristas.

Actualmente existe en el país la ilusión de regresar a mejores tiempos y alaban el pasado al comparar niveles de vida del antes y el ahora, pero pocos tienen claro cuál es el destino de este retorno y además no conocen cual es la mejor ruta para alcanzarlo y por ello reclaman la instalación de leyes y procesos que precisamente fueron los causantes del declive que precedió a la ruina.

No se trata de nombres, de malos y buenos, de patriotas o traidores, se trata de un modelo estatista que primero erosionó el sistema republicano y luego, en entropía acelerada, lo consumió desde sus entrañas.

Para entender todo esto los invito a leer los libros de Luis José Oropeza, una aventura caroreña que tiene liturgia civil de tenor histórico, porque la iniciamos en el Club Torres, que antes de ser grupo social fue manantial de ideas y junto a esta a este emblemático signo espacio cultural, tenemos hoy una asistencia plural que representa la variada riqueza intelectual de la Carora del presente.

Vamos pues a ponerle ojos a la letra sobre el papel y que las ideas de Luis Jose Oropeza sean maíz de cotufas.

Jorge Euclides Ramírez

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