Buena Nueva: Transfigurados
El evangelio nos relata la Transfiguración del Señor ante Pedro, Santiago y Juan. Jesucristo los lleva al Monte Tabor. Y quedan en éxtasis al ver “el rostro de Cristo resplandeciente como el sol y sus vestiduras blancas como la nieve”. Uno de esos pocos momentos en que Jesús mostró parte de su gloria, que siempre la tuvo, pero que permanecía “escondida”.
Esto sucede en nosotros. Por la acción de la Gracia, es decir, de la vida de Dios en nosotros, nos vamos pareciendo a Cristo. Y por la Gracia Divina podemos irradiar luz, vida, resplandor. Puede que no se note, pero sucede. La Gracia nos transfigura con la luz que le es propia, como sucedía a Moisés al estar delante de Dios (Ex. 34, 35).
San Pablo explica esto al decir que: “todos reflejamos, como en un espejo, la Gloria del Señor, y nos vamos transformando en imagen suya, más y más resplandecientes, por la acción del Señor». (2Cor 3,18)
Sin embargo, la ausencia de la Gracia nos desfigura con la oscuridad y tinieblas, propias del pecado y del Demonio (Jn.1,5; 3,19; Hech.26,18).
De allí la importancia de vivir en Gracia, sin pecado mortal en nuestra alma, huyendo del pecado y/o arrepintiéndonos en la Confesión Sacramental cada vez que caigamos. Una Confesión bien hecha, restaura inmediatamente la Gracia.
La Gracia la recibimos inicialmente en el Bautismo y debe ir en aumento a lo largo de nuestra vida con la Comunión, la oración, las obras buenas, etc. hasta el día en que lleguemos al Cielo. Allí, seremos también transfigurados, “seremos semejantes a El, porque lo veremos tal como es” (1 Jn.3,2).
Pedro le propuso Jesús: “Señor, qué bueno sería quedarnos aquí”. Así de agradable y de atractiva es la gloria del Cielo, que provoca quedarse allí para siempre.
La promesa del Señor es la felicidad total y absoluta por la eternidad. El gozo del Cielo, que los Apóstoles pudieron vislumbrar en los breves instantes de la Transfiguración del Señor.
Podemos ir al Cielo, ser transfigurados pero debemos aceptar y cumplir la Voluntad de Dios en esta vida. Y eso implica a veces pasar por la Cruz. Esas son las condiciones.
Isabel Vidal de Tenreiro
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