Por la puerta del sol -251-: Momentos que no se olvidan
“Los recuerdos, incluso los amargos, son mejor que nada”
Jennifer L. Armentrout
Hay un instante en que el recuerdo de un momento trae a la memoria, la melancólica quietud de otro tiempo disfrutado a la vera de mil vivencias. ¿Qué cosa nos mueve allí dentro de nosotros que nos lleva a recordar con tanto cariño aquellos momentos? ¿Qué estrella nos guía? Son momentos que aunque cortos, fueron suficientemente fructíferos para no olvidarlos.
Estábamos en ese tiempo de juventud donde soñábamos con bosques de grandes frondas, con príncipes azules y con albas de sueños dorados que podemos recordar hoy como voces que al oído llegan con suaves aleteos que se alejan y vuelven con el tiempo. Son momentos gratos que pasaron como la sombra que hace el pájaro en su vuelo sobre el agua. Tal vez para muchos, hoy nada les afane en el recuerdo y solo les importe proseguir aprisa el camino hasta llegar a su último momento.
Al evocar en “Memorias de un reportero”, José Ángel Ocanto nos invita a recordar aquel tiempo en el que los muchachos se reunían los fines de semana para disfrutar de la fiesta que era reunirse. Cada uno de ellos tenía su propia manera de ser y de decir las cosas, uno de ellos era Ramón, justo el dueño de la frase “Allá vamos” como invitación a alegrar cada fin de semana. Lamentablemente Ramón está convertido hoy en un ser que olvidó todo lo vivido. Tal vez haya instantes en los que sueñe y sonría con un poco de lucidez momentánea, sin darse cuenta en qué instante se le fueron deshaciendo los recuerdos hasta hundirlo en su mundo de sombras. No pudo atar dentro del alma el hilo roto de su esperanza. Esa es la vida y recuerdos de quienes se perdieron en ellos y de quienes insisten aún entre los momentos rotos y flote en su horizonte opaco un dejo crepuscular, pensando que tal vez sea mejor seguir aquí siendo llama y recuerdo hasta que el viento del destino los apague…
En “Memorias de un reportero” todos salieron airosos, uno era el poeta, otro el programador de las reuniones, el que los transportaba en su cacharro y el más atractivo que siempre se unía al grupo con la frase que lo hizo inmortal entre sus amigos “Allá vamos”. Ramón fue atacado por la amarga tragedia de su desventura, quedando en ruinas sus sueños allá en la memoria de su mal espantoso.
El artículo excelente de Ocanto nos lleva por esos fascinantes caminos del recuerdo, murmullo que todos llevamos dentro y nos inunda. Es este tipo de escritores quienes de un modo u otro nos ayudan a vencer el olvido más allá del sueño y los impedimentos, son los que han sabido mantener vivo el fuego del ritual de la palabra.
Y aquí seguimos imaginando encuentros con los amigos que se fueron por los caminos de la vida. Aquí seguimos, aquel ya no está, no sabemos dónde dejó tirada su sonrisa final. Hoy es el ojo del viento el que ve encenderse en nosotros los silencios del recuerdo, los gratos, asolados, y remotos encuentros.
Aunque todo esté perdido aún queda el recuerdo “El recuerdo como lo dijera Jean Paul, es el único paraíso del que jamás podrán expulsarnos”
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