En un mundo abatido, hay que animarse
Caminar sin ansia, sería como morirse en espíritu. Es cierto que quien espera, puede caer en la desesperación; pero siempre es mejor viajar lleno de sueños, aunque sea un riesgo que hemos de correr. Lo sustancial radica en activar los latidos, convirtiendo el pulso en una comunión de sinceros abrazos, para poder transformar las ofensas en clemencia, el sufrimiento en consolación y los sanos propósitos de perseverancia en obras caritativas. De hecho, la misma naturaleza que nos acompaña y acompasa, tiene un estilo sorprendente que debe forjarnos a hacer pausa, al menos para reflexionar e iluminar las conciencias de ese bondadoso innato sentido natural, para que podamos gestar un porvenir que nos vincule y fraternice en calor de hogar.
Hay nubes, pero también claridades; como igualmente hay penas sobre un cielo azul, pero además un poema de anhelos, dispuesto a esclarecer la noche para renacer en un esplendoroso día, contra nuestra desolación. Desde luego, hay que levantarse siempre y renacer cada........
