Visa para un sueño
En Colombia nadie debería necesitar una visa política para trabajar, vender, recibir un crédito o ser tratado con dignidad. Pero eso fue lo que pareció pasarle al vendedor de panela al que un profesor decidió no comprarle más después de preguntarle por quién había votado. Como la respuesta no fue la que quería escuchar, terminó grabado, expuesto y castigado por pensar distinto.
Claro que cada quien puede decidir dónde compra. Eso no está en discusión. Pero una cosa es escoger otro producto y otra muy distinta usar esa libertad para humillar a alguien por su voto. Imaginemos que todos hiciéramos lo mismo. Que el panadero solo les venda a quienes piensan como él, que un médico escoja a sus pacientes por sus ideas o que un banco solo les preste a los de su corriente política. Terminaríamos viviendo en dos........
