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Desorden mundial

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Si algunas pocas palabras ayudaran a perfilar al régimen de los Ayatolas en Irán estas serían: sangre, tortura y discriminación. Ahí queda dicho prácticamente todo sobre la teocracia iraní. A lo largo de 50 años, este gobierno fundamentalista ha asesinado brutalmente, acosado y destruido a miles y miles de iraníes que cometieron el grave error de exigir libertad y respeto a sus derechos humanos. Qué decir de las mujeres del país persa que son sometidas sistemáticamente y sufren un día tras otro represión y violencia estatal contra ellas. Durante 1979, año de la revolución islámica, las mujeres perdieron sus derechos y están condenadas a la subordinación y silencio. Así las cosas. 

El repudio y total rechazo a este autoritarismo, o a cualquier otro similar, no puede hacerme convalidar el intervencionismo imperial del presidente Trump frente a Irán, Venezuela, Cuba o cualquier tiranía. Hasta hace poco tiempo existía un orden mundial que con aciertos y errores hizo posible la civilización. Pareciera que ese conjunto de reglas que entre todos nos fuimos dando hoy estorba a muchos que están empeñados en desaparecerlo. 

Los humanos somos los más grandes generadores de atrocidades del planeta. La historia de nuestra brutalidad y sadismo es larga y escalofriante. Apenas en el siglo pasado, logramos superarnos a nosotros mismos construyendo no solo campos de exterminio, sino bombas atómicas que aseguraran nuestra completa destrucción. Después de esta orgía de sangre y dolor y por la muerte de millones y millones de hombres y mujeres, tras la Segunda Guerra Mundial nuestra especie decidió darse un respiro y crear instituciones y leyes que regularan no solo la convivencia pacífica, sino que se formuló una ética para su uso en juicios y guerras. Se ve que el entusiasmo por la ley y el orden duró poco y muchas veces intentamos independizarnos de las sujeciones. 

Pero creo que pocas veces como hoy, la vocación bélica de la humanidad se vio bien representada en el presidente actual de los EUA: Donald Trump. ¿Cuál orden mundial? ¿Para qué lo necesitamos? Es mucho más fácil aplicar la ley del más fuerte. Desaparecer las instituciones, eliminar el derecho nacional o internacional y hacer lo que les dé la gana a los nuevos dictadores de este mundo arbitrario es lo de hoy. Peor aún, los modos imperiales se contagian y si los dueños del mundo se comportan y juegan también a dominar a los otros sin reglas ¡mucho mejor! 

Ursula Von der Leyen, actual presidenta de la Comisión Europea, ya se atrevió a decirlo sin pudor alguno: “Europa ya no puede ser guardiana de un viejo orden mundial que no volverá”. 

Solo se escucha la defensa del orden y el derecho internacional en dos voces valientes en la UE, la de Pedro Sánchez de España (izquierda) y la de (asombrosamente) Giorgia Meloni de Italia (derecha), que han levantado la voz por ese viejo orden mundial que luchaba por la paz. “La guerra (ilegal) en Irán es un extraordinario error que vamos a pagar”, dijo el presidente del Gobierno Español. No puedo estar más de acuerdo. 


© El Heraldo de México