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El amor [II]

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28.02.2026

Amoricio le pidió a sus padres doña Zenaida y don Liborio fueran a la casa de Flor de Azalea para que hablaran con los padres de ella, doña Catarina y el señor José Lamberto y solicitaran la mano de la novia, pues los tortolos deseaban casarse.

Como dice el periodista Armando Fuentes “Catón”, Florecita como la llamaban los vecinos “ya estaba en edad de merecer”. La boda se acordó para mediados de septiembre.

Se hicieron los preparativos, los padrinos del ajuar o equipo nupcial, fueron Apolinar y Ramona; El lazo fue colocado por don Celestino y su esposa Sofía; Sindulfo y la señora Tranquilina, de aras, las adquirieron en la joyería La Esmeralda.

A la salida de la iglesia los esperaba un Ford Galaxie color blanco adornado con flores y moños rosas de gran tamaño colocados en el cofre y cajuela, además arrastraban ristras de botes amarrados con mecates que generaban un alboroto.

En el registro civil los casó el juez Baldomero, les leyó la Epístola de Melchor Ocampo, “declaro en nombre de la ley y de la sociedad que quedan ustedes unidos en legítimo matrimonio con todos los derechos y prerrogativas que la ley otorga…”.

Echaron la casa por la ventana. De comer repartieron zacahuil, barbacoa, chicharrones, carnitas, cervezas, pastel, agua de sabores de limón, maracuyá, naranja.

La fiesta era ambientada por El Trío Huasteca Linda, se escuchaba la letra de la canción Esposa, “Quiero que seas feliz mientras yo viva Y Que no tengas ni un dolor siquiera Yo te daré mí amor para que vivas Como una flor en plena primavera.

Entre las cartas de amor publicadas en la revista RM de febrero de 2016 se incluye una del líder y político francés Napoleón Bonaparte a Josefina de Beauharmais, fechada el 31 de agosto de 1796 desde Brescia, “Parto al instante a Verona. Confiaba haber recibido carta tuya, y tu silencio me abisma en una horrorosa inquietud… te lo ruego, no me dejes por más tiempo en semejante desasosiego”.

El escritor francés Honorato de Balzac, autor de La comedia humana, mantuvo una larga correspondencia amorosa con Mme. Hanska, con quien se casó, el siguiente párrafo corresponde a una carta qué le envió desde París el 9 de septiembre de 1833, “Perdóneme, querida mía, pero la amo como un niño, con todas las alegrías, todas las supersticiones, todas las ilusiones del primer amor”.

Por su parte, el narrador Juan José Arreola, originario de Ciudad Guzmán, Guadalajara, le escribe a Sarita a finales de 1943, “Te quiero mucho, mucho y el amor pone ante mis ojos un camino que conduce a la felicidad que soñamos…te ofrezco enteramente y todo lo que soy, pongo mi corazón lleno de afecto, para que tus manos lo recojan y lo lleven junto al tuyo”.

Por la noche, acompañados por familiares, amigos, entre vítores y porras, los recién casados llegaron a la terminal de autobuses Golfo, partieron con rumbo al puerto de Tampico a pasar su luna de miel, los acompañaban dos belices y la alegría a flor de piel.

POR RUBÉN MARTÍNEZ CISNEROS


© El Heraldo de México