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El amor [I]

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21.02.2026

Amoricio pretendía conquistar a Flor de Azalea; le hizo llegar un perfume de la marca Avon, flores, cartas, le regaló un vinilo de Gualberto Castro, José José y Juan Gabriel, contrató a Efraín Hernández y su trío Los Luceros para llevarle serenata. El pretendiente pensó, el que persevera alcanza. No quitaba el dedo del renglón.

Al encontrarse a Flor de Azalea en la calle le declamaba la poesía de Jaime Sabines, “Yo no lo sé de cierto, pero supongo que una mujer y un hombre algún día se quieren, se van quedando solos poco a poco, algo en su corazón les dice que están solos, solos sobre la tierra se penetran, se van matando el uno al otro”.

Dice el escritor español José Ortega y Gasset en su libro Estudios Sobre el Amor, “…el lenguaje usual ha acumulado un tesoro de finos atisbos que se conservan en cápsulas verbales de sugestiva alusión”.

Acerca del amor, diversos autores han derramado abundante tinta, el poeta español Gustavo Adolfo Bécquer expresa, “El amor es un rayo de luna”; por su parte el escritor francés Stendhal dice, “El amor es el milagro de la civilización”, mientras que Honorato de Balzac afirma, “El amor es la poesía de los sentidos”.

La poesía también refleja los sentimientos. El mexicano Manuel M. Flores, por quién Rosario de la Peña, estuvo enamorada, en su libro Pasionarias, incluye Amémonos, “Buscaba mi alma con afán tu alma, buscaba yo la virgen que mi frente tocaba con su labio dulcemente en el febril insomnio del amor”.

También en su repertorio poético, encontramos Cuando Me dejas, que a la letra dice, ¡No te apartes de mí…! Cuando me dejas, mi corazón suspende su latir, me ausento de mi mismo si te alejas, todo mi corazón se va de ti”.

Las cartas eslabones de amor, de las que en anteriores entregas hemos dedicado líneas, en muchos casos han llevado a buen puerto a los enamorados. Tienen un sitio en la historia de la galantería.

Acerca de las cartas de amor, el narrador portugués Fernando Pessoa, dice, “Todas las cartas de amor son ridículas. No serían cartas de amor si no fueran ridículas. También escribí en mi tiempo cartas de amor, como las demás ridículas. Las cartas de amor, si hay amor, tienen que ser ridículas”.

La publicación RM Revista Médica de Arte y Cultura, dedicó su numero de febrero de 2016 a Cartas de amor, encontramos todo un abanico de textos de amorosos.

En la publicación antes aludida, se incluye la carta de Voltaire a Olimpia Dunover, fechada en la ciudad de La Haya, 1713. El amor entre ambos, le costó la prisión al autor de Cándido. Por órdenes de la madre y padre de Olimpia que desaprobaban la relación amorosa fue encarcelado. Voltaire después de escribir la siguiente carta escapó.  

 “Estoy preso aquí en el nombre del rey; pueden arrancar mi vida, pero no el amor que siento por ti. Sí, mi amante adorable, te veré esta noche, así tenga que meter mi cabeza en un atolladero para hacerlo”.

POR RUBÉN MARTÍNEZ CISNEROS


© El Heraldo de México