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El país del aire acondicionado

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30.07.2026

Este verano tuve la oportunidad de pasar gran parte del tiempo con mis hijos en Francia. El calor era insoportable. Abría la ventana buscando aire y entraba un golpe seco de calor en la piel, en los ojos. Los párpados parecen que se pegan y no se pueden abrir. Las sirenas se escuchan todo el día: bomberos, ambulancias, hospitales. Una sensación de sofocación, de asfixia constante.

El calor lo sentí como una masa pegada al pecho, cuyas manos gigantes invisibles te hacen abrir la boca desesperadamente tratando de encontrar un poco de aire. Mi cuerpo se puso de acuerdo con esa ola de calor y me sorprendió con fuegos internos, desconocidos.

Mi hija, tratando de ser empatía con amor, me decía: “Mamá, no eres tú, yo también siento ese calor por........

© El Heraldo de México