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Amores perros

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02.07.2026

Natasha llegó a mi vida el 2 de junio de 2026. Fue regalo de alguien muy especial, aunque también creo que fue Dios quien me obsequió a mi primer “lomito” para hacerme compañía en lo solitaria y abrumadora que puede ser la CDMX. El amor nació desde que la vi y la cargué en una sola mano. Era una bolita de pelo preciosa. En mi mente sólo pensaba en llevarla al veterinario, amarla, cuidarla y chiplearla mucho.

Armé mi plan de vida en función de mi nueva compañerita y pensé en adoptar otro “lomito” cuando lograra adaptarme a los cambios. Mis amigas llenaron mis redes sociales de sugerencias de refugios de perritos y pensé en acudir cuando terminara el Verano.

Baldo Díaz me entregó a mi perrita con indicaciones básicas para una principiante. Lamentablemente, lo que parecía un sueño se convirtió en una pesadilla, ya que a las pocas horas Natasha evacuó sangre y vomitó la comida. Contacté a los veterinarios que me recomendaron vía Zoom y por llamadas telefónicas, pero no era suficiente.

Más tarde tuve que llegar al hospital veterinario porque Natasha cada vez estaba más decaída. El diagnóstico fue devastador: estaba infectada de coronavirus, parvovirus y presentaba una anemia severa. Su vida corría peligro. Transcurrieron más de siete días entre la angustia y la desesperación: visitas al hospital dos veces al día, estudios cada 12 horas y una perrita bebé cada vez más frágil, pero también rodeada de muchísimo amor y atención para salir adelante.

Hoy, Natasha es una de las pocas afortunadas que logran sobrevivir a este tipo de enfermedades gracias al amor, los cuidados de sus doctoras y de los humanos que llegamos a su vida. Sin embargo, aún no recibe el alta médica. Su vida sigue siendo muy limitada y existe la posibilidad de que no logre........

© El Heraldo de México