La escritura en la pared
Como anticipé la semana pasada, hoy pienso concluir la reflexión comenzada hace quince dÃas, en la que hemos visitado a los éforos espartanos, los antiguos dioses paganos y hasta al mismo Diablo. Quisiera retomar la exposición, entonces, en este último punto, que sin duda habrá provocado una mueca de escepticismo en más de un lector.
Entiendo la incredulidad. Al final, podrán argumentar, ¿qué tienen que ver estos dioses y demonios antiguos con las leyes e instituciones de nuestros tiempos? ¿A qué conduce este pensamiento mágico sino a especulaciones abstractas, quizá interesantes para una clase de filosofÃa, pero de dudosa utilidad en el contexto de nuestra realidad práctica?
La pregunta no carecerÃa enteramente de mérito, pero, me parece, revela un defecto importante en nuestro entendimiento sobre cómo y por qué funcionan estas leyes e instituciones que algunos valoramos tan caramente (aunque otros las desprecien con igual intensidad).
La realidad es que el gremio de los juristas, y más aún en el ramo judicial, conserva aún un resabio primitivo âhasta atávico, podrÃamos decirâ que lo........
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