Pemex, estabilidad, pero sin euforia
Pemex de Víctor Rodríguez Padilla llegó al cierre de 2025 dando el mensaje que el mercado llevaba tiempo esperando, que la fase más crítica quedó atrás y la empresa comienza a moverse sobre terreno más predecible.
La petrolera reportó una producción estabilizada en mil 648 millones de barriles diarios, mientras el Sistema Nacional de Refinación procesó mil 136 millones de barriles, un incremento anual de 44.4%. En paralelo, el resultado neto prácticamente se neutralizó y la deuda total se ubicó en su menor nivel en 11 años.
La fotografía operativa muestra a una compañía que ha logrado ordenar variables que durante años generaron incertidumbre. El regreso al mercado por 31,500 millones de pesos —con una sobredemanda de 2.5 veces— refuerza la percepción de que el apetito por el riesgo Pemex sigue presente entre inversionistas. No es un dato menor cuando el financiamiento para petroleras estatales se ha vuelto más selectivo.
Pero la conversación más relevante está en la consistencia de esta nueva etapa. La estabilización productiva abre naturalmente la discusión sobre la capacidad de la empresa para sostener la plataforma en el tiempo e incluso encontrar espacios de crecimiento, aún cuando los campos maduros siguen definiendo buena parte del pulso operativo.
En refinación ocurre algo similar. El mayor nivel de procesamiento fortalece la narrativa de autosuficiencia energética y mejora la utilización del sistema, pero el siguiente frente de observación será la eficiencia industrial y la captura de valor que logre la empresa conforme se consolide este mayor volumen.
En el plano financiero, la reducción de deuda envía una señal constructiva hacia el mercado, aunque la atención seguirá puesta en la disciplina del balance y en la evolución del flujo operativo como indicadores de la siguiente fase.
Pemex, en suma, dejó atrás el momento de mayor presión y entró en un periodo distinto, el de demostrar que la estabilidad puede sostenerse con el tiempo. Ahí es donde la petrolera mexicana comenzará a escribir una nueva historia.
SALA DE JUNTAS: Las Remesas arrancaron en 2026 con señales mixtas. En enero ingresaron al país 4 mil 594 millones de dólares, una caída anual de 1.4%, explicada por un menor número de envíos, aunque con un ticket promedio mayor. El flujo acumulado se mantiene elevado, lo que confirma su peso estructural en la economía mexicana. Sin embargo, el mapa territorial revela una dependencia profunda. En estados como Guerrero y Chiapas estos recursos equivalen al 13.9% del PIB estatal. Más que un cambio abrupto, lo que empieza a dibujarse es una etapa de mayor sensibilidad a factores externos. Para México, el verdadero indicador hacia adelante no será solo el monto que llega cada mes, sino la consistencia de un flujo que hoy sostiene consumo, pero cuya volatilidad comienza a hacerse visible.
POR IVÁN RAMÍREZ VILLATORO
