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Cifras maquilladas

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16.02.2026

El Gobierno Federal repite, una y otra vez, que los homicidios han bajado alrededor de 40 por ciento en lo que va del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum. Nos dicen que la estrategia funciona y que México es hoy más seguro que hace un año. Las gráficas oficiales que nos muestran por las mañanas reflejan una caída pronunciada en ese delito.

Llegó Omar García Harfuch y todo se resolvió en unos meses, bajamos casi a la mitad los homicidios. Resulta que se trataba solo de voluntad, de querer combatir al crimen organizado y en unos meses redujimos a la mitad el problema.

Pero también resulta que hay un inconveniente: así como baja el número de homicidios, crece el número de personas desaparecidas. Y crece en proporciones que llaman la atención. Es decir, casi el mismo porcentaje que bajan los asesinatos suben las desapariciones.

Es que no disminuyó la violencia como dicen, sólo manipularon los números, maquillaron las cifras. Si la realidad no coincide con la narrativa, pues peor para la realidad, movemos los números y listo. Cómo no se les había ocurrido antes.

Si estos números que nos presentan la Presidenta y su secretario en las mañanas fueran reales, lo cierto es que se reflejaría en la percepción de seguridad de los ciudadanos, pero no es así.

Ahí están los datos del Inegi. En la más reciente Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana, alrededor de seis de cada 10 mexicanos dicen sentirse inseguros en la ciudad donde viven. En algunas zonas, siete de cada 10.

Si los homicidios hubieran caído 40 por ciento de manera real, como sostiene el gobierno, la gente lo sentiría, y eso se reflejaría en los números del Inegi.

Y es que la percepción no se mueve por propaganda, no se mueve porque alguien maquille unas cifras. La percepción se mueve cuando la gente puede salir de noche sin miedo. Cuando el comerciante deja de pagar derecho de piso. Cuando los padres dejan de temer que sus hijos no regresen.

Detrás de cada “reducción porcentual” hay una historia que no cabe en una gráfica. Hay madres rastreando en fosas clandestinas. Hay jóvenes que desaparecen sin dejar rastro. Hay comunidades que viven bajo el control criminal.

Celebrar una supuesta caída histórica de homicidios mientras aumentan las desapariciones no es un triunfo, es una trampa, es un engaño para los mexicanos.

La seguridad no puede convertirse en un ejercicio de contabilidad creativa. No se trata de administrar percepciones, sino de proteger vidas. Y cuando la percepción social contradice el discurso oficial, algo no cuadra. México no necesita cifras maquilladas. Necesita la verdad.

El gobierno presume que la violencia cayó 40%, pero la gente sigue sintiéndose más insegura que antes.

Es que lo único que bajó fue el número en la gráfica. Las víctimas siguen ahí. Aunque ya no aparezcan en el conteo.

POR HOMERO NIÑO DE RIVERA


© El Heraldo de México