Cavarían su propia tumba
Corría el 2011 y el presidente Felipe Calderón ya estaba completamente derrotado. Aunque tenía el poder y el manejo de la chequera, era un muerto político que aún respiraba, y que tendría que entregar la banda a un opositor. Acción Nacional estaba apestado, por las circunstancias en las que llegó el titular del Ejecutivo a Los Pinos en 2006, y porque la denominada “guerra contra el narco” provocó una sangría nacional.
Se observaba con esperanza al entonces gobernador del Estado de México, un personaje creado desde las pantallas de los millones de televisores del país, y que siguió al pie de la letra el guión de la novela, para levantar el brazo y decir con la banda tricolor al pecho, “sí protesto”.
Pero para........
