La relación de México con el mundo
La conformación de un país tiene lugar simultáneamente con la construcción de su identidad nacional y su vinculación internacional; ese proceso es natural incluso para estados isleños o para un país rodeado de fronteras como sucede en Europa central la mirada al exterior es vital para su supervivencia y en gran medida la historia de mide en alianzas y tratados.
En México la búsqueda de reconocimiento y apertura de mercados y de vínculos políticos ha sido igualmente la tarea continua de nuestra diplomacia; recién como nación independiente buscando el contacto con los rivales de nuestra antigua metrópoli; ante la intervención francesa y nuestra distancia del Vaticano por la separación Iglesia-Estado; para reconstruir relaciones y diversificarlas buscando entre otras cosas la atracción de inversiones como tarea al fin del siglo XIX; en los años veinte para lograr el reconocimiento del México revolucionario y pocos años después para abrir mercados alternativos a nuestro petróleo a raíz de la nacionalización del mismo.
En la posguerra nuestra acción internacional se reflejó en participar de la construcción del sistema multilateral, que, pese a lo que declare el Secretario Marco Rubio, permitió la paz y el desarrollo mundial en términos generales durante 80 años, en los cuales el sistema internacional pasó de menos de 60 países en 1945 a poco más de 200 hoy en día. Ello no hubiese sido posible sin acuerdos y voluntad política y, por cierto, no hay conflicto internacional en ese período en el que el Consejo de Seguridad y sus integrantes permanentes no hayan sido los principales responsables de la no solución de los problemas.
El ejercicio de nuestra política exterior ha ido a la par de las acciones internas de gobierno y existe mucho mayor vinculación de ambas acciones de lo que se consigna públicamente. Por ello en este tiempo en el que la presión declarativa de la Casa Blanca y sus personeros parece determinar nuestra acción internacional, es relevante destacar que día a día a lo largo del mundo, nuestra presencia se desarrolla. Por supuesto mediante embajadas y consulados, pero cada vez más por la activa internacionalización de nuestros estudiantes, empresas, artistas y ciudadanos en general.
Los desastres naturales, guerras y pandemias nos han mostrado en años recientes la presencia de mexicanos en muchas partes del mundo. Si bien más del 90% de nuestros connacionales se ubican en Estados Unidos, los cientos de miles que viven en otras partes del mundo suponen oportunidades y retos para la gestión diplomática. Promoción, protección y vinculación son acciones que México puede impulsar como políticas públicas para impulsar nuestra necesaria y hasta urgente diversificación.
Si bien la relación bilateral con Estados Unidos seguirá siendo dominante, ello no supone el abandono del resto del mundo. Un vistazo a nuestras relaciones internacionales nos muestra, por ejemplo, ausentes de los foros de discusión de un mundo en transición; el abandono de la Alianza del Pacífico inhibe nuestro papel regional de locomotora para el desarrollo en una acción práctica y benéfica para todos los participantes; la posposición reiterada de la renovación del Acuerdo con la Unión Europea – que se anuncia ya para esta primavera; incluso, nuestra selectiva aplicación de aranceles parece obedecer más a una tardía puesta al día de nuestras responsabilidades comerciales.
El servicio de investigación del Congreso estadounidense difundió un reporte el pasado 20 de febrero, “Mexico: Background and Key Issues in U.S. Relations”, que es herramienta de consulta para los legisladores y sus asesores; su perspectiva de la acción gubernamental de la Presidenta Sheinbaum es positiva y sus sugerencias refieren apoyos a su gestión. Pero, esa aparente simpatía se sustenta en la creciente cooperación bilateral impuesta desde el Ejecutivo americano, al tiempo de proponer un mayor papel del Congreso tanto en la asignación de recursos a la cooperación como a la aprobación del T-MEC. En suma, un recordatorio de la necesidad de una estrategia mexicana hacia los diversos poderes y actores políticos en ese país, pues lo que está en juego va más allá de períodos políticos.
Por eso mismo la relevancia de que México se torne hacia el resto del mundo. Más allá de nuestra geografía, resulta vital la vinculación regional que dé un valor mayor a la aspiración americana de sumarnos en una forma subordinada a su propio proyecto de supervivencia. En un par de décadas, la única posibilidad de supremacía americana residirá en una Norteamérica fuerte, sólida e interrelacionada con otras regiones y por eso mismo debemos de construir nuestro propio capital a sumar a esa posibilidad. La relación de México con el mundo ni más ni menos.
In memoriam Ministro Gustavo Martínez Cianca
Miembro de la Asociación del Servicio Exterior Mexicano.
