Febrero, columna vertebral de la historia de las Fuerzas Armadas
Febrero no es un mes cualquiera en el calendario cívico de México. Es, quizá, el periodo donde se condensa con mayor fuerza la memoria histórica que da sentido a las Fuerzas Armadas. La Constitución, la lealtad, el origen institucional y los símbolos patrios convergen en apenas unas semanas para recordarnos que las Fuerzas Armadas, en nuestro país, no nacen para imponerse, sino para servir a la nación y resguardar el orden constitucional.
El 5 de febrero, Día de la Constitución, marca el punto de partida. La Carta Magna de 1917 no solo es el marco jurídico que regula la actuación de las Fuerzas Armadas; es también la expresión viva de una lucha popular que buscó justicia social, soberanía y derechos. En ese sentido, el Ejército, la Fuerza Aérea y la Marina no pueden entenderse al margen de la Constitución; su razón de ser es defenderla y actuar dentro de sus límites. Para los gobiernos de la transformación, este principio cobra una relevancia mayor, cuidar la patria, proteger la soberanía y hacer realidad los derechos que la Constitución consagra.
El 9 de febrero, con la Marcha de la Lealtad, se reafirma uno de los valores más profundos del Ejército, su compromiso con el poder civil y con las instituciones democráticas. Aquella escolta al presidente Francisco I. Madero, de Chapultepec a Palacio Nacional, en los albores de la Decena Trágica, simboliza la decisión de mantenerse fiel a la legalidad aun en medio de la traición y la violencia. La conmemoración del evento es un recordatorio permanente de que la lealtad institucional está por encima de cualquier ambición personal o coyuntura política.
Las conmemoraciones continúan el 10 de febrero, con el aniversario de la Fuerza Aérea Mexicana, día en que se reconoce a la institución que nació en plena transformación revolucionaria, a partir del decreto impulsado por Venustiano Carranza en 1915. A más de un siglo de distancia, la Fuerza Aérea encarna una vocación que va más allá de la defensa militar, ya que, lleva auxilio en desastres, conecta comunidades aisladas y protege la soberanía desde el aire.
El Día del Ejército Mexicano se celebra el 19 de febrero, fecha en la que el Congreso del estado de Coahuila, en 1913, emitió el decreto 1421, en el que se desconocía al general Victoriano Huerta como presidente y le otorgaba facultades al gobernador para armar un ejército a fin de restablecer el orden constitucional, por lo que posteriormente fue denominado Ejército Constitucionalista, del cual surgiría nuestro actual Ejército Mexicano.
Finalmente, el 24 de febrero, Día de la Bandera, cierra el ciclo simbólico. La Bandera, junto con el Escudo y el Himno Nacional, es el emblema que une a civiles y militares bajo una misma identidad nacional. Su reconocimiento oficial, impulsado por el presidente Lázaro Cárdenas en 1940, reafirmó el valor de los símbolos como pilares de cohesión nacional.
Como integrante de la Comisión de Defensa Nacional no puedo sino expresar orgullo por el papel que desempeñan las Fuerzas Armadas en la defensa de la soberanía, la seguridad nacional y el auxilio a la población. Febrero nos recuerda que su fuerza radica en su historia, su lealtad y su compromiso con el pueblo. Como lo expresó recientemente la presidenta Claudia Sheinbaum, “estas fechas de febrero nos hablan de una nación forjada por un pueblo tenaz que no se resigna, que defiende sus derechos, que cuida sus símbolos y que construye siempre esperanza”.
DIPUTADO FEDERAL Y VOCERO DEL GRUPO PARLAMENTARIO DE MORENA DE LA LXVI LEGISLATURA
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