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Futbol y protestas

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11.06.2026

Me reconcilié con el futbol durante el Mundial de Brasil, en 2014, y no fue porque un amigo me regaló el boleto de avión para Río de Janeiro. Fue por algo que no estaba en el programa oficial ni en los paquetes turísticos: la gente. Porque debajo de las transas de la empresa más corrupta del deporte mundial (léase la FIFA), debajo de los boletos a precios obscenos, debajo de las televisoras y de los patrocinadores que convertían cada emoción en mercancía, debajo de la problemática social que sacudía al país, había una sociedad que tomó una decisión colectiva: ponerle una pausa al duro trajinar de la vida. No porque las dificultades hubieran desaparecido. Era porque a veces la única forma de seguir cargándolos es soltarlos por un rato.

Vi el partido donde Alemania le metió siete goles a Brasil en compañía de una familia brasileña. Lo vi en su casa, en su televisión, rodeado de........

© El Heraldo de México