El Plan B y los millones por diputado local
Morena lidera 26 de los 32 congresos locales de la República mexicana, y de manera paradójica, el Plan B en materia electoral de la presidenta Sheinbaum reduce, de manera significativa, privilegios y presupuestos tanto en legislaturas estatales como en municipios.
Y digo “paradójica” porque deberán ser justamente los congresos quienes aprueben el envío de la presidenta, y siendo la mayoría de ellos “morenistas”, acabarán “dándose un balazo en el pie”. No podrán decirlo de manera pública, pero habrá varios a los que nos les gustará.
Y es que en estricto sentido habrá para las legislaturas, cuando pase el Plan B, menos dinero y privilegios: el tope presupuestal será del 0.7 por ciento y los ahorros se irán, de acuerdo a lo redactado, a infraestructura pública.
Menos recursos para los congresos estatales impactarán, sin lugar a dudas, en los privilegios que tienen actualmente. De manera general, un diputado local nos cuesta (en promedio), 16 millones de pesos anuales. Son las legislaturas uno de los lujos más polémicos de nuestro país.
El Plan B también le pega a los municipios: se reducirán las regidurías de 7 a cuando mucho 15, y se limitará a una sindicatura por ayuntamiento, situación que en buena medida impacta al morenismo y aliados, más aún después del último acomodo en el país.
De esta manera, centrándonos solamente en los cambios hacia las legislaturas locales, Sheinbaum considera que los diputados locales son excesivamente bien pagados, y que los ahorros al reducirles sus privilegios alcanzarían para sostener varios programas sociales, dado que aplicaría a todos los congresos.
Y de alguna manera, tal como se lo advirtieron a la presidenta Sheinbaum cuando envió el Plan B (situación que se platicó bastante en Palacio Nacional): reducirle el dinero a la política local, como busca el Plan B, pudiera romper la paciencia de varios políticos locales que se han sentido, por años, truncados en su crecimiento.
Decidieron correr ese riesgo… y otros más.
Veremos qué ocurre, y si de verdad ocurre.
POR ALEJANDRO AGUIRRE
