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Los miserables de Comalcalco

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Es como en la Francia del siglo XIX retratada en Los Miserables, de Víctor Hugo: la aristocracia y sus lujos desmedidos de los que alardea sin pudor alguno, mientras la mayoría apenas sobrevive. Solo que en México esa aristocracia no heredó títulos nobiliarios y castillos, sino influyentismo y contratos públicos. Así es como se ve el Grupo Comalcalco.

Juan Carlos Guerrero Rojas, extrabajador de Pemex que organizó la obscenamente lujosa fiesta de 15 años que atizó la indignación, construyó muy rápidamente un emporio empresarial multimillonario con negocios también inmobiliarios, gasolineras y chocolateros, montado en las influencias de Héctor Peralta Grappin, político de colmillo largo y retorcido, que fue alcalde de Comalcalco, diputado federal y también coordinador de la bancada del PRD en el Congreso del estado, donde pasó de adversario a socio político del poderoso Adán Augusto López. Claro, la enorme prosperidad de ese círculo requirió de un gran benefactor: Octavio Romero Oropeza, con Pemex en sus manos.

La clave de esta historia es Petroservicios Integrales México (PIMEX), negocio que recibió contratos de Pemex por más de 3 mil 500 millones de pesos, mediante licitaciones que declaraban desiertas para, después, adjudicarlas directamente. Más aún, hay registros de invitación directa a empresas tabasqueñas ligadas con ese grupo empresarial y político.

¿Suficiente para satisfacer toda esa avaricia? Por supuesto que no. Mientras Juan Carlos Guerrero Rojas fue funcionario en el Instituto Tecnológico de Comalcalco, esa institución firmó convenios con Pemex Exploración y Producción por servicios para los que no tenía capacidad, así que los subcontrataba a empresas de infraestructura petrolera y logística, vinculadas con Héctor Peralta Grappin. Los directivos de su grupo Firma y Sello avalaron los entregables falsos, el ITSC se quedaba con una comisión y el resto era ganancia mal habida.

Así operaron también otros mecanismos de corrupción como la Estafa Maestra. Crearon por lo menos 13 empresas solo en papel, con domicilios fiscales fraudulentos, pero constituidas en la muy conocida Notaría 27 de Villahermosa. Entre ellas, Surface Technology, E&P Solutions, Comercio y Construcción de Tabasco, Grupo Consultor de Tabasco y Prestadora de Bienes en General El Edén. El SAT las incluyó posteriormente en su lista de “factureras”.

Ahí está la verdadera escena de Los Miserables versión México: por lo menos cinco mil empresas en problemas graves y regiones enteras como Coatzacoalcos y Minatitlán en ruina económica, sin empleos y con daños patrimoniales generalizados, mientras Pemex dice que tardará ocho años más en pagar los 434 mil 474 millones de pesos que debe a sus proveedores y contratistas.

Todavía más, esa deuda también ha ocasionado que grandes empresas internacionales se lleven sus inversiones. Halliburton, por ejemplo, está enfocándose ahora en Venezuela, no solo por la falta de pago en México, sino por la grave falta de un Estado de Derecho que les proporcione certeza.

Un tribunal federal determinó que Pemex no puede excederse en los criterios de Debida Diligencia que establece la ley y sirven para evitar riesgos de corrupción, soborno y cumplimiento, así que no puede usarlos para negar contratos a empresas que la hayan demandado anteriormente.

POR ADRIANA DELGADO RUIZ


© El Heraldo de México