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Canción urgente para Nicaragua

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28.07.2026

¿Para qué los odios funestos de los ingratos?

¿Para qué los lívidos gestos de los Pilatos?

A Carmen Moreno Toscano

El 19 de julio de 1979, Nicaragua celebró el derrumbe de una dictadura dinástica. La caída de Anastasio Somoza abrió una esperanza que excedía las fronteras. Una revolución popular podía derrotar al poder hereditario, a la corrupción y a la violencia institucionalizada.

Cuarenta y siete años después, en el aniversario de aquella victoria, Daniel Ortega pronunció una frase dolorosa: “Aquí no volverá a haber elecciones para que por allí intenten ellos atrapar el gobierno, atrapar el poder”.

Es la admisión descarnada de que el régimen Ortega-Murillo ha decidido prescindir incluso de la simulación democrática. No se trata de elecciones fraudulentas, árbitros electorales subordinados o candidatos opositores encarcelados antes de competir, como ocurrió en 2021. Se anuncia que la ciudadanía no tendrá siquiera el derecho formal de elegir al gobierno.

La tragedia nicaragüense tiene una dimensión histórica que debe incomodar profundamente a quienes alguna vez miraron al sandinismo como símbolo de la emancipación latinoamericana. Ortega convierte la revolución que derrotó a una dinastía en la........

© El Financiero