El secreto no ayuda
A pesar de los enormes esfuerzos desplegados por el gobierno federal y la propia presidenta de la República, en torno al caso Rubén Rocha Moya, las solicitudes de extradición (que ya vencieron, por cierto) y los inocultables vínculos de Morena y Andrés Manuel López Obrador con sospechosos grupos criminales, Claudia Sheinbaum ha elegido el peor camino: la confrontación con Estados Unidos.
Desde el 2 de junio y el belicoso discurso del aniversario de la victoria, en que la presidenta elevó el tono, defendió a Rocha Moya y a los implicados en el marco de una política que contradice la sobada colaboración, ha venido insistiendo en la narrativa de las pruebas.
La aparición del avión en el que transportaron a El Mayo Zambada en un museo del FBI —una auténtica burla al gobierno mexicano— detonó una vez más el estallamiento de las declaraciones, la bandera que envuelve la soberanía y la errática defensa de un grupo de criminales.
Es indudable que a los ojos de Morena y de la presidenta, entregar a Rocha y sus no pocos cómplices significa reconocer que su partido, la 4T, su antecesor y mentor, tuvieron —¿tienen?— vínculos,........
