La venganza de Íñigo
Brenda Acosta no quería un perro. Eligió un hámster. Lo llamó Íñigo. No hay mascotas con ese nombre en New Jersey, donde vive. Íñigo es un tropiezo lingüístico para los angloparlantes y una venganza minúscula en castellano que esta mexicana se permitió. “Creo que Íñigo sabe que lo necesito”, me cuenta.
Su voz llega despojada de la épica del migrante que cruza desiertos o salta muros. Lo de Brenda fue un sábado, el 6 de mayo de 2023. El aterrizaje en un aeropuerto norteamericano después de un viaje muy parecido a una fuga. No había ahorros; el boleto de avión lo pagó su madre. Llegó con una visa ‘fiance: un permiso de noviazgo legalizado que EU transforma en un ultimátum de 90 días. ‘Cásate o vete’. Tienes 13 semanas para decidir tu existencia. Brenda no eligió un destino, sino un escape.
Nació en la Ciudad de México. Conoció a un norteamericano en International Cupid, una plataforma donde millones establecen relaciones con extranjeros. “Desde niña quería casarme con alguien que tuviera una infancia y una cultura diferente a la mía”, sostiene.........
