Cuatro años de agresión: México y el precio del silencio cómplice
La semana pasada, el 24 de febrero -otro día, parafraseando a Franklin D Roosevelt, que vivirá en la infamia- se cumplieron cuatro años desde que Rusia lanzó su invasión a gran escala, injustificada y premeditada, a Ucrania, la agresión territorial más descarada y grave en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Son cuatro años de bombardeos sobre civiles, de ciudades arrasadas, de crímenes de guerra documentados, de millones de desplazados. Y cuatro años de que México, un país que debiera aspirar a ser una de las potencias diplomáticas regionales de mayor peso y reputación en el mundo, se ha negado sistemáticamente a denunciar, motu proprio y explícitamente, las cosas por su nombre.
La invasión rusa en el este de Europa, que entra ahora en su quinto año sombrío, ya se ha alargado más que lo que duró el conflicto en el frente oriental de la Segunda Guerra Mundial. Entre 1944 y 1945, los soviéticos marcharon desde las puertas de Leningrado hasta Berlín en poco más de 15 meses; hoy, el ritmo de avance ruso en Ucrania, en la zona de Pokrovsk, es de 70 metros al día y en Kupiansk, de 23 metros. Ese terreno capturado es insignificante (unos 4,865 kilómetros cuadrados, aproximadamente el 0.8 % del país), dada la extensión territorial de Ucrania. Por lo tanto, la idea que pregonan los rusos, a veces aceptada y replicada por una crédula Casa Blanca, de que Ucrania está sufriendo una derrota en cámara lenta, es inexacta. Los incesantes ataques contra la población civil ucraniana hasta ahora han aportado una mínima ganancia estratégica a Rusia, y resulta curiosa, por decir lo menos, esa estrategia de Putin, dado que, según él, ambos países constituyen “un solo pueblo”. El pueblo ucraniano bien puede estar agotado después de cuatro años de guerra, pero aún no hay el más mínimo deseo de ceder ante Putin y mucho menos de entregarle el resto de Donetsk. Tampoco se observa ningún cambio evidente en la dinámica bélica a favor de Moscú. En realidad, incluso considerando que cientos de miles de hogares se encuentran sin electricidad, calefacción ni agua tras los bombardeos rusos este invierno, Ucrania está afinando su estrategia y contraatacando ahora con un éxito moderado. Kiev ha adoptado un enfoque más contundente; Mykhailo Fedorov, el nuevo ministro de Defensa del país, se ha fijado como objetivo eliminar a 50 mil soldados rusos al mes, lo que supone un aumento respecto a la tasa actual de bajas rusas........
