La lista de Trump
En México la vida política depende, cada vez más, de la lista de Trump. Desde la lista de Schindler no había existido una lista tan definitoria, una lista en la que estar o no estar podía marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
En el caso de Schindler, era la muerte física. Era la posibilidad de terminar en las cámaras de gas, asesinado con Zyklon B en los campos de exterminio nazis. En el caso de la lista de Trump, se trata de otra forma de muerte: la muerte civil, la muerte política, la muerte pública. Porque una vez que alguien aparece señalado, con independencia de la objetividad de las pruebas que puedan presentarse después, tendrá que vivir con el estigma de haber sido sospechoso de ser socio, aliado o protector del sindicato del crimen.
Esa es la situación. Y se mire por donde se mire, es grave.
Es grave, es incómoda y, sin duda, ventajosa para quien la utiliza como instrumento de presión. Nadie dijo nunca que Estados Unidos, cuando discute, presiona o negocia sus intereses, sea un ejemplo de caballerosidad diplomática.
En ese sentido, se nota la relación especial con el antiguo imperio británico. Siempre me impresionó el hecho de que una de las formas más refinadas de distancia, de racismo y de diferencia social haya sido inventada por los ingleses.
¿Saben en qué consiste? En que, mientras más refinadas y educadas son las formas, más profunda puede ser la distancia. Cuanto más impecable parece el respeto, más visibles se vuelven las fronteras reales entre las clases, los poderes y las jerarquías.
Pero, por lo demás, son tan implacables unos como otros. “En el nombre de Dios y de su derecho”, como dice la divisa de la corona británica, pero sobre todo en el nombre del destino manifiesto que hizo que Estados Unidos naciera con........
