Cuando ya no sabes con quién hablar
Si se lo cuentas a tu esposa, podría preocuparse. Tus hijos quizá no entiendan lo que está en juego. Tu jefe puede interpretar tus dudas como falta de seguridad. Tus colaboradores podrían ponerse nerviosos. Así que decides guardar silencio y sigues pensando en el problema una y otra vez.
Quien ocupa una posición directiva pasa buena parte del día comunicando y está rodeado de personas; sin embargo, puede carecer de alguien con quien hablar en forma confidencial y con toda sinceridad. Esa es una soledad particular del liderazgo.
La dificultad aparece porque cada interlocutor tiene una relación particular con el asunto y tiene su propia agenda. La familia escucha con afecto y teme las consecuencias personales. El jefe piensa en resultados. Los socios observan sus intereses.........
