Martes de luna negra
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El martes pasado el mundo vivió una de las jornadas tal vez más tensas y angustiosas de la historia, y como suele pasar en estos tiempos, como ha ocurrido con el atentado a las torres gemelas, con la pandemia, con el auge de la inteligencia artificial, la vivimos en todas partes y en simultáneo. Es lo que le da su sabor singular a esta época: que un solo hecho puede implicar y paralizar al planeta entero.
En esa jornada todo era alarmante y grotesco: ver a un jerarca incomprensible amenazando con el arrasamiento de una nación y con aplastar “a toda una civilización”; temer que Israel, fiel al espíritu de su héroe mitológico Sansón, pudiera llegar al extremo de desplomar el cielo sobre sus enemigos y sobre sí mismo, utilizando contra Irán sus armas nucleares; temer que Irán llevara su furia de misiles más allá de los 2.000 kilómetros que han sido hasta ahora su límite; comprobar que las otras grandes potencias orientales y occidentales parecían estar solo a la espera, sin propuestas, sin opiniones, todo era desalentador.
Pero lo más grotesco es que hayamos llegado al punto de que en manos de un hombre enfermo de prepotencia y peligrosamente impulsivo parezca estar el destino de millones de seres humanos y tal vez el rumbo de la historia entera. Mucho se ha dicho que a este hombre hay que juzgarlo por sus actos y no por sus palabras, pero es que hay palabras que son actos. Ni Hitler, que se las daba de ser culto, se habría resignado a proclamar con tanta estolidez que está en sus manos destruir a una civilización para que no........
