Las dos Colombias
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
Siempre he sabido que una guerra de medio siglo no puede resolverse en los tribunales sino por un proceso audaz y generoso de transformación del país.
Nunca estuve de acuerdo con el intento de llevar a Álvaro Uribe a la cárcel, porque a pesar de los argumentos jurídicos eso no es más que un coletazo del viejo conflicto que pretendemos superar, y porque más que un hombre él es un símbolo y encarna la dignidad de medio país que siempre lo ha apoyado.
Por la misma razón no puedo estar de acuerdo con la pretensión grotesca de llevar a la cárcel a Gustavo Petro, y menos aún de extraditarlo y someterlo a la justicia de Estados Unidos.
No creo que Uribe sea un criminal, y menos aún pienso que lo sea Gustavo Petro. Creo que ambos han cometido errores y que ambos se han esforzado por traer cambios positivos a la sociedad colombiana. La realidad del país es demasiado compleja y cambiarla es muy difícil, pero así como tenemos la indolencia de dejarlo todo en manos de unos líderes, también nos cebamos con saña en sus errores y los hacemos responsables de todo.
Liberales y conservadores fundaron en Colombia una escuela de odio asombrosamente eficaz en su pedagogía, pero no pienso que los colombianos seamos tan culpables de nuestros males como creemos, y menos que esas culpas se puedan condensar en unos individuos.
La causa de todos los males de Colombia es la falta de una economía pensada en grande y diseñada para dar empleo a todas las fuerzas y talentos del país, para aprovechar los extraordinarios recursos que todavía conserva esta tierra. Sin industria ni agroindustria, sin una gran economía diversa e incluyente, sin infraestructura, sin un mercado interno capaz de proveer al país entero, sin........
