“Despetrificar” a la izquierda
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Consumada la derrota, alcancé a tener una ilusión. Luego de los resultados electorales, con De la Espriella ganador por segunda vez y tras enterarnos con todo el rigor de una investigación periodística marca Ricardo Calderón que este gobierno negoció la inteligencia del Estado y las cabezas de una treintena de generales con la organización más criminal del país, alcancé a pensar que lo que venía era una reflexión profunda, una búsqueda de respuestas, un examen de responsabilidades y quizá correcciones en la dirigencia, en las bases, en los militantes de la izquierda.
Era razonable esperar que ante un Abelardo que prometió destripar, y medio país diciéndolo que lo hiciera, los partidos de esta ideología iban a darse cuenta de que necesitan “despetrificarse”, salir del discurso, las lógicas, las costumbres, y hasta los imaginarios de los años 60 en los que están petrificados. Frente a tal amenaza lo que se requiere sin duda es una izquierda más fuerte y más legítima que nunca. Y fuerza y legitimidad no vienen del número, de la cantidad, sino de una apuesta ética y una claridad moral, de recuperar ese valor esencial que es la verdad, y jugar con inteligencia para leer los tiempos y actualizar los lenguajes y símbolos.
Alcancé a pensar que se llegaba el momento de dar el salto cualitativo, la transformación profunda, la renovación que no ha conseguido y que le imposibilitó continuar en el poder luego de estos cuatro años. Pero entonces vino un primer aviso al ver que su reacción inicial fue........
