Calor y desigualdad, primeros retos para la Patria Milagro
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Es fácil hablar de El Niño desde los mapas, las anomalías de temperatura o las probabilidades de lluvia. Pero es mucho más difícil imaginar cómo se vive un día cualquiera cuando el termómetro ronda los 40 grados y el calor atípico se convierte en una condición para trabajar, estudiar y vivir.
Pienso en mi vecina que vende arepa de huevo debajo de un trupillo en Santa Marta, con las piernas hinchadas y el sudor corriéndole por el rostro cuando la mañana apenas comienza. En los adultos mayores que ofrecen lotería o dulces bajo el sol en Sincelejo o Valledupar. En varias ciudades del Caribe, seis de cada diez trabajadores viven de la informalidad. Para ellos no es posible ganarse la vida en una oficina con aire acondicionado. El calor extremo significa vender menos, trabajar más despacio, agotarse más y........
