¿Hemos aprendido a cuidarnos?
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El lunes en la mañana nos levantamos con un fuerte movimiento que parecía no terminar. Fueron entre 90 y 120 segundos sintiendo cómo se movía el apartamento, despertar a Mariana, buscar los tenis, tranquilizar a Thiago y esperar que pararan esos interminables segundo para poder evacuar. Bajamos los cinco pisos, estábamos a salvo, pero el miedo se agazapó en el cuerpo y en el alma. Con el paso de las horas, empezamos a dimensionar que, mientras para muchos había sido un enorme susto, para otros comenzaba una tragedia.
Me pude comunicar rápidamente con los amigos de Nuquí, con quienes hace apenas unos días estuvimos viendo ballenas. Me reportaron algunos daños: un muro, una casa de tres pisos, pero nada que lamentar. Pero pasan las horas y, mientras escribo estas líneas, todavía sabemos poco sobre la magnitud de lo ocurrido en muchos pueblos del litoral Pacífico y de la........
