Posesión virginal con lumbre de piedralumbre
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“¡Alumbra, lumbre de alumbre, Luzbel de piedralumbre!” y uno ahí, ante la pantalla de alienaciones, a la escucha de lo que iba pronunciando el “señor presidente” en su posesión de capilla, eclesiástica y milagrera. No sé por qué tuve evocaciones de arzobispos censuradores y muy moralistas, como monseñor Miguel Ángel Builes, godo y con orín de azul de Prusia. Parecía una estampa macondiana: la posesión de un presidente en una arena universitaria y luego en un cantón militar.
Le faltaba sino volar, como Remedios la bella, y subir al cielo en medio de túnicas, de kipás, de libritos evangélicos de nochero de hotel tres estrellas. Ya un síntoma de preocupación era el haber “negriado” al Congreso. Era como un retorno, pero más con evocaciones de “aristocracia” segundona, a tiempos de la Regeneración conservadora. Ni Núñez ni el autor de “patria te adoro en mi silencio mudo”, don Miguelito, el de los buenos decires, se hubieran atrevido a tanto.
Era un prefacio con coronas sacrosantas a un tiempo de tinieblas. Era, a lo Rafael Pombo, una hora de tinieblas, aunque el discurso fue de hora y diez minutos. El ungido, en medio de oraciones y salutaciones religiosas, se........
