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Las fábricas de crepúsculos de León de Greiff

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14.07.2026

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Desde “chiquito” era un sujeto fuera de órbita, un “exórbite”, anarcoide, rojo y pendenciero. No “comía de nada”, como se decía después en Medellín, la tierra natal de León de Greiff, uno de los trece panidas, experto en armar tropeles en plazuelas con nombres de santos (san Francisco, luego San Ignacio), en una aldea que él, en 1914, calificó como banal, de “gente necia” y en la que había expertos en menjurjes bursátiles y ricos de panza grande.

Una villa de catolicismo y chismes, pero, también, de ambientes que trascendían el amor al trabajo y a la plata. Era, con todo y sus banalidades, tierra de poetas, escritores, periódicos y revistas, además de algunos pintores, caricaturistas y bambuqueros del barrio Guanteros. León de Greiff, nacido en la esquina de Bolívar con La Paz, expulsado de la Escuela de Minas, protagonizó una barahúnda, o, como él mismo lo señaló, una “guasábara”, en la que fue hecho prisionero junto con otros cuarenta de los tirapiedras y boxeadores callejeros.

La zambra, en la que De Greiff junto con Gabriel Uribe Márquez eran cabezas visibles, implicó a muchachos como Fernando González, Jesús Mora Vásquez (después reconocido laureanista), Aquileo........

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