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La inquietante vigencia de la servidumbre voluntaria

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30.06.2026

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Nos han educado (¿o, más bien, mal educado?) para ser obedientes, para tener quién piense por nosotros y nos indique cuál es el derrotero. El pensamiento religioso –que podría ser una contradicción verbal, como la de “inteligencia militar”– busca que el feligrés, el que es parte de una grey, no se vaya a salir de la fila. Una manera de comprobar estos asertos se da en los comicios. Hay sacerdotes que ofician y una amplia gama de seguidores que espera con ansiedad la orden. Es decir, el dogma que hace cerrar ojos y propicia la subordinación.

Y como si el seguidismo y el adoctrinamiento fueran poco, entonces hay que extender la necesidad de la servidumbre voluntaria. Seamos esclavos, aun cuando no haya un patrón o un verdugo a la vista, porque, en esencia, no se necesita. Solo basta con que el poder establezca una situación —que a la postre se vuelve costumbre— de la que, en apariencia, no se puede escapar: hay que obedecer al que manda.

Los dominados deben permanecer así, para siempre. Hace más de quinientos años, el joven francés Étienne de La Boétie, amigo y discípulo de Montaigne, escribió el Discurso de la servidumbre voluntaria. En la........

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