Empate
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En el fútbol, cuando ninguno de los equipos obtiene una victoria clara y contundente, los puntos se distribuyen de manera si no igualitaria al menos proporcional. Ninguno obtiene los dos o tres puntos, se otorga uno a cada uno. Guardadas las proporciones, es lo que sucede en las democracias parlamentarias, en particular si las acompañan fórmulas electorales de representación proporcional. No es un modelo perfecto. Lamento molestarles con mi arrogancia de élite woke académica, lamento romper su burbuja de fantasía, sorry to bother you, pero lo cierto es que la política no es cuestión de milagros ni de intervenciones divinas hacia el fin más perfecto por ungidos pastores del rebaño.
La política es humana, y nada humano es perfecto ni se dirige a la perfección de manera necesaria. No siempre progresamos. También hay regresiones, retrocesos, pasos atrás sin mirar adelante, sin visión o con una muy escasa, incapaz de ver sus propias contradicciones.
Esta semana, Keir Starmer anunció su renuncia como líder del Partido Laborista y primer ministro de Gran Bretaña. No puede culpar de su desgracia a alguna causa externa, al contrario de quienes le antecedieron y que en general apelaron a eso que los españoles denominan en el lenguaje futbolero “echar balones fuera”.
Cayó porque fue incapaz de ver y resolver sus contradicciones propias. Hace apenas un año y trescientos cincuenta y tantos días Starmer había ganado las elecciones generales, el sí y su partido, de manera amplia y categórica.
Había prometido retornar al progresismo político y económico tras décadas de conservatismo dedicado a reducir el tamaño del estado, a reducir impuestos a los más ricos para generar confianza inversionista, a predicar “ley y orden” y mano dura, y a “recuperar” el control territorial después del Brexit.
Una vez en el gobierno, Starmer se dedicó a purgar o extirpar a la izquierda del Partido Laborista, retiró las ayudas estatales de invierno a los más vulnerables en nombre de la disciplina fiscal y........
