El territorio también se cocina
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La cocina no solo alimenta el cuerpo. También alimenta el sentido de pertenencia, nos recuerda quiénes somos, de dónde venimos y cuáles son los vínculos que nos unen con quienes compartimos un mismo lugar. Quizás por eso sigue siendo uno de los actos culturales más poderosos que existen.
De otro lado, la memoria necesita guardianes. El territorio necesita personas que lo cuiden. Y la cultura necesita espacios donde pueda seguir transmitiéndose de generación en generación.
Durante siglos, las mujeres han cumplido esa tarea de protección, muchas veces en silencio, sin reconocimiento ni protagonismo. Ellas han conservado recetas, saberes, semillas, formas de cocinar y maneras de entender el mundo. Han sostenido familias enteras alrededor de un mes, y han transformado el alimento en refugio durante las crisis, en celebración durante las alegrías y en herramienta de resistencia cuando las circunstancias parecían imposibles.
Por eso resulta tan valioso encontrarse con proyectos como La Mezcolanza (@lamezcolanzarc), un colectivo de mujeres de Usaquén que entiende la cocina mucho más allá de la preparación de alimentos. Allí cocinar es construir comunidad, preservar memoria y generar autonomía económica.
La historia comenzó años........
