El dilema «metafísica o prosa»
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La frase de Nietzsche, «Dios ha muerto», puede leerse como una provocación herética, la fantasía de un ateo sarcástico o el titular más espectacular imaginable. En realidad, significa que los «absolutos» de la filosofía clásica –el Bien, la Justicia, la Verdad, la Belleza, la Naturaleza, el Destino, la Humanidad, entendidos como conceptos claros, universales y eternos– carecían ya de sentido en el siglo XIX y que los filósofos andaban sin brújula moral, situación que Nietzsche resumió con su estupenda frase porque era, esencialmente, un magnífico escritor.
No contento con desatar semejante cisma en la metafísica, Nietzsche le propinó fuertes golpes al determinismo y al positivismo, y objetó incluso la profundidad de la física: «Conocemos con exactitud la fuerza con que se atraen la Tierra y la Luna pero lo ignoramos todo sobre la naturaleza de dicha fuerza», escribió hace 136 años y hoy seguimos sin descubrir los resortes de la gravitación, el secreto de esa fuerza que mantiene en su sitio a la piedra y a la montaña, a los planetas en sus órbitas, a los soles en sus constelaciones y a las galaxias en las monstruosas «murallas».
Los griegos fueron «absolutos», y luego lo fue el cristianismo por la vía de los neoplatónicos, y también Kant, como lo demuestran sus imperativos categóricos: «un hombre debe vivir de manera que su biografía pueda servir de código moral para sus semejantes».
Uno de los primeros que ironizó sobre la subjetividad de la moral fue Voltaire.
La miró como a un río antiguo lleno de meandros caprichosos: no negó........
