Ollas
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En algún momento sucumbí a la presión de mi mujer para que la acompañara a ver una promoción de ollas. Sí, ollas de cocina y otros utensilios para el hogar. Era en un hotel elegantísimo. La fila para llegar a la entrada me iba desilusionando, pero yo ya lo había prometido. Calculé una media hora. Estaba equivocado. Cincuenta y cinco minutos bajo el sol picante del mediodía en Bogotá, pusieron a prueba la fidelidad a mi pareja, la preparación psicológica previa con la que asumí el reto y mi paciencia. No siempre son lo mismo.
Para fortuna de los que hacíamos la fila, unas buenas señoras nos daban agua embotellada y unos pequeños chocolates con la marca de los anunciantes. Me relajé, pero apegado a mis hábitos de maestro empecé a conversar con los vecinos cercanos de la fila, sobre todo para disipar el desasosiego antes que para comunicarme con los semejantes a quienes........
