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Hace años, con unos amigos, entramos a un bar al que nunca habíamos ido. Uno de nosotros le preguntó al mesero que nos traía las copas si el bar era seguro. Lo hizo por pura curiosidad. El joven respondió sin dudarlo. Claro, como por aquí nunca viene la policía. La ocurrencia tomada en serio me sirve para explorar un poco el título de esta columna.
Aunque creo que lo verdaderamente importante también ocurre de puertas para adentro de la casa donde habitamos, la vida interior, incluso con su bienhechor aburrimiento, también puede ser muy tediosa. Y cuando uno cruza su umbral, automáticamente, entran en juego todos aquellos códigos que nos hemos dado como sociedad, desde ponernos de acuerdo en qué significa el rojo de un semáforo, hasta los valores más elevados del altruismo como la solidaridad........
