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El tamaño del daño

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16.05.2026

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En el laberinto de pantallas contemporáneo, entre millones de celulares, tablets, plataformas digitales y computadoras, la televisión es un dinosaurio que ha sabido mantenerse y habrá de subsistir mientras exista la industria del entretenimiento, esa fábrica infinita de noticias, política, crímenes, deportes, farándula, publicidad, cine, música y telenovelas.

Los noticieros comprimen y proyectan ese universo, son la base de la cultura televisiva, el eje de la información, la ración diaria de realidad local y global que consumimos. Con su dicción irreprochable, simpatía remunerada y melodiosa voz, las presentadoras y presentadores nos son más familiares que la vecina o el tendero.

Por eso impactó tanto y cayó tan mal la bomba de que dos de los periodistas y presentadores más reconocidos de la televisión nacional hubieran resultado ser un par de sátiros, impecables profesionales de la comunicación de la cintura para arriba y deleznables acosadores sexuales del ombligo para abajo. Abusando del prestigio que les daba su enorme popularidad, depredaron a su antojo durante años a las jóvenes periodistas que llegaban a sus dominios.

En una entrevista incluida en el libro Iván Cepeda, una vida........

© El Espectador