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No amarás

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15.02.2026

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El planeta Venus se parece a nuestra idea del deseo. Es un cuerpo abrasador y volcánico, el más caliente del sistema solar. Allí cada día dura ocho meses: entre el atardecer y el amanecer transcurre una ardiente noche interminable. A causa de una tempestuosa colisión, es un planeta volteado patas arriba, que rota al revés sobre su eje. Llevando la contraria al resto, el sol sale por occidente. Aunque no conocían sus excentricidades astronómicas, algo intuyeron los antiguos al darle el nombre de su diosa de las pasiones.

Desde que Venus es Venus, el deseo se contempla como la fuerza que trastorna el orden. Por eso, ya las sociedades paganas fijaron con normas estrictas quién y cómo podía gozar del sexo. La esfera del placer no era el hogar, pues el matrimonio atendía al patrimonio, no a la atracción. Concertado por las familias, tenía su razón de ser en la herencia y las alianzas. Se prohibía casarse a los esclavos: era un asunto de ricos. En ese esquema, marido y mujer podían convertirse con........

© El Espectador