El fin del mundo, sin ir más lejos
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
El número favorito de tu hijo es “más”. Por las mañanas, cuando entras en su dormitorio y rompes la oscuridad al levantar las persianas, se niega a despertar del sueño. Si ha llegado la hora de interrumpir los juegos que inventa en voz alta, absorto, resiste irreductible en su aldea imaginaria. Se aferra con uñas y dientes a los instantes felices, implorando siempre “un poquito más”. Quiere vivir en un mundo sin fin, una y otra vez se rebela ante lo efímero.
También tú has sentido ese miedo a los finales que impone vivir: mudanzas de casas vacías, trabajos perdidos, orfandades y ausencias repentinas, amores exhaustos. En épocas tempestuosas, entre cambios drásticos y bruscas destrucciones, el terror nos zarandea y los cielos amenazan con desplomarse sobre nuestras cabezas. Desde el principio de los tiempos, casi todos los pueblos han albergado su idea del fin del mundo. Las historias son muchas y variadas. Se diría que, en una temprana descentralización, las........
