Dualistas y duelistas
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
Si los discursos públicos pudieran medirse como el viento, se diría que estamos en plena temporada de tornados. Los mensajes políticos rugen huracanados para aturdir al oponente y exacerbar las diferencias. Al debatir, los líderes se disparan su disparidad de criterios: las palabras recién pronunciadas flotan como revólveres humeantes. Quién diría que hace unos años parecíamos plácidamente abocados al aburrido fin de la historia y de la histeria. En poco tiempo, el hábitat verbal se ha vuelto más disyuntivo –y cada vez menos distendido–, mientras los truenos ahogan cualquier posibilidad de escucha.
Dramatizar, claro, es entretenido y fotogénico. Ortega y Gasset dijo que hablar equivale a exagerar; cuando batallamos por tener razón, nos obligamos a exacerbar nuestras ideas, dislocarlas y esquematizarlas. En la era de la ira, somos hiperbólicos y lo disfrutamos. El problema se agrava cuando entenderse empieza a desprestigiar. Los partidos adversarios pueden alcanzar acuerdos, pero procurando que........
