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Dualistas y duelistas

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07.06.2026

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Si los discursos públicos pudieran medirse como el viento, se diría que estamos en plena temporada de tornados. Los mensajes políticos rugen huracanados para aturdir al oponente y exacerbar las diferencias. Al debatir, los líderes se disparan su disparidad de criterios: las palabras recién pronunciadas flotan como revólveres humeantes. Quién diría que hace unos años parecíamos plácidamente abocados al aburrido fin de la historia y de la histeria. En poco tiempo, el hábitat verbal se ha vuelto más disyuntivo –y cada vez menos distendido–, mientras los truenos ahogan cualquier posibilidad de escucha.

Dramatizar, claro, es entretenido y fotogénico. Ortega y Gasset dijo que hablar equivale a exagerar; cuando batallamos por tener razón, nos obligamos a exacerbar nuestras ideas, dislocarlas y esquematizarlas. En la era de la ira, somos hiperbólicos y lo disfrutamos. El problema se agrava cuando entenderse empieza a desprestigiar. Los partidos adversarios pueden alcanzar acuerdos, pero procurando que........

© El Espectador