El barco ebrio
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Se sabe que en estos tiempos vivimos pegados a nuestros teléfonos como conectados por vía intravenosa. Parecemos enfermos que cargan con una transfusión o un suero medicado por los corredores de un hospital: no podemos desprendernos nunca del flujo continuo de las noticias, como si ese fuera nuestro contacto necesario con el mundo, nuestra linfa vital. No estar conectados nos parece una amenaza de muerte o por lo menos la caída en una crisis de abstinencia por una droga adictiva de la que ya no podemos prescindir.
Estaba yo en una pausa inactiva frente a un orinal, en la Feria del Libro de Buenos Aires, cuando por el catéter telefónico me entró la noticia el 4 de mayo: en un barco que había zarpado de Ushuaia, en la Patagonia argentina, más de un mes antes, el 1 de abril, había personas infectadas por una peste de la que yo nunca había oído hablar, hantavirus. Dos de los pasajeros habían muerto y otros habían sido evacuados de afán a........
