Después del 10 de agosto
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Jamás será igual hablar sobre la guerra desde la calma de un escritorio que desde el territorio donde las muertes suceden. Eso mismo siento ahora frente a lo que nos pasó el 10 de agosto. No estuve en Cali, en el Eje cafetero, ni en Buenaventura o el Chocó, ese lunes a las 7:34 a.m., cuando la tierra y la vida se partieron, y entre nubes de polvo y gritos de miedo, empezó una tragedia colectiva que apenas empezamos a dimensionar. Y por eso me parece casi atrevido escribir –desde mi casa en pie– sobre el dolor de las víctimas, el valor de los médicos que salvan vidas con medio hospital caído, la fortaleza de los rescatistas, la bondad de las manos que entre la generosidad y la tristeza no han parado de dar ayuda.
Hoy no escribo desde la vivencia, solo desde la consideración y desde la solidaridad que millones de colombianos sentimos; desde el respeto por los que........
