Me la juego por la vida
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Al sentarme a escribir esta columna me encuentro física y mentalmente exhausta. Salgo del último evento del día con los párpados pesados y el cuerpo molido de cargar carteles y afiches por toda la ciudad. No hago parte de ningún comité de campaña. Como miles de ciudadanos en el país, me he rodeado de amigos (y no amigos) para evitar que Colombia caiga en un abismo de violencia del que difícilmente podría retornar. Y sin embargo, a pesar de la zozobra, la amenaza continuada y el cansancio, al examinarme a mí misma encuentro que mi corazón está atado, como nunca antes, a la fortaleza y a la esperanza.
He perdido ya la cuenta de los plantones, las charlas, los encuentros y las marchas en los que he estado a lo largo de mi vida. Algunas alegres, como las del movimiento estudiantil; otras........
