Mi vuelo número 100 con Avianca
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Me estaba acomodando en la silla, intentando resolver un problema anatómico que Avianca deja cuidadosamente en manos del pasajero: dónde poner las rodillas. Podía subirlas hasta la boca, prestárselas al vecino o invadir el pasillo. En esas estaba cuando una afable azafata se acercó con una cartulina y una bolsa de chips para felicitarme: aquel era mi vuelo número cien con Avianca. Me sorprendí. Agradecí el gesto, sonreí y pensé que, en realidad, habría podido alcanzar semejante hazaña mucho antes si Avianca hubiera tenido un poco más de consideración por sus pasajeros.
A Avianca los clientes parecen no interesarle. Es un caso de…
A Avianca los clientes parecen no interesarle. Es un caso de estudio sobre cómo fracasar en el servicio al cliente. Hoy, las........
