De la furia verde al apostolado nuclear
Decía Camilo José Cela que el nacionalismo se cura viajando y parece que además del nacionalismo viajar cura también el fanatismo y el sectarismo. Al menos en el caso de Teresa Ribera, que ha sido instalarse en Bruselas como vicepresidenta primera y comisaria de Competencia de la Comisión Europea para, cual Saulo camino de Damasco, ver la luz y pasar de ardiente practicante de la furia verde a la conversión a la fe y al apostolado nuclear.
La misma Teresa Ribera, la escapista de la DANA, que aquí, en España, como ministra para la Transición Ecológica abanderaba la demonización de la energía nuclear y el cierre progresivo de las centrales nucleares españolas será ahora la encargada de presentar y defender el nuevo plan industrial de la Unión Europea para el desarrollo de mini centrales nucleares en Europa. Un plan que sitúa a estos pequeños reactores modulares (SMR) como una palanca para reforzar la autonomía energética, acelerar la descarbonización y apuntalar la competitividad industrial de la UE, con especial foco en actividades de difícil electrificación, como la industria química, el acero o el refino.
Pues bienvenida al club, señora Ribera, y a ver si convierte a su nueva fe a los que fueron sus compañeros en el Consejo de Ministros del sanchismo cuya cerrazón amenaza con castigar una vez más el bolsillo de los españoles por el aumento de la factura eléctrica además de poner en serio peligro el suministro con los apagones consecuentes.
La energía nuclear a pesar de representar solo el 5,5% de la potencia instalada en España, aporta más del 20% de la electricidad total generada, siendo la segunda mayor fuente de generación libre de emisiones contribuyendo con el 26% de la generación limpia y evitando la emisión de más de 300 millones de toneladas de CO? en España en la última década.
Recordar que, en un alarde de responsabilidad y ante la subida de los precios de la electricidad, la Comisión Europea aprobó que las inversiones en energía nuclear y gas natural se consideren sostenibles en la transición ecológica. Que, mientras aquí el Gobierno y sus socios insisten en el cierre de Almaraz, al menos doce de los trece países de la UE con capacidad nuclear han revisado sus planes en los últimos años para prolongar la vida útil o desarrollar nuevas instalaciones.
Asimismo, la Comisión Europea calificó en 2022 la extensión, mantenimiento y modernización de los parques nucleares como "actividades de transición" en el marco de la nueva taxonomía de la UE, reconociendo su contribución a los objetivos climáticos. Al tiempo que las grandes potencias nucleares, como Estados Unidos, Francia y China, están ampliando significativamente la vida útil o construyendo nuevos reactores.
Como explican destacados técnicos en el ámbito energético la firmeza y estabilidad de la energía nuclear con una disponibilidad de casi el 90% de las horas anuales, son cruciales para complementar el despliegue de las renovables que, como es sabido, son energías intermitentes. Con el añadido de que las centrales nucleares se encuentran entre las instalaciones más seguras del mundo desde el punto de vista tecnológico y físico.
El apagón del 28 de abril de 2025 evidenció la necesidad de contar con un mix de generación capaz de responder a incidencias de la red, al tiempo que garantizar la estabilidad de precios debido a su contribución a limitar la entrada de tecnologías fósiles más caras, reduciendo la exposición a la volatilidad de los precios del gas.
Y, a pesar de esto, el Gobierno de Sánchez en España se empeña en ir contracorriente y ni sabe ni se atreve a plantear las soluciones a largo plazo y duraderas para garantizar la sostenibilidad del sistema eléctrico y racionalizar el tránsito hacia esa transición ecológica que todos defendemos, pero garantizando siempre un coste asumible que no condene a la pobreza energética a las clases más desfavorecidas de la sociedad.
Soluciones que deberían tener como ejes fundamentales una reforma fiscal que libere a los consumidores de todos los impuestos que son ajenos a la generación y distribución de la electricidad, por un lado; y por otro un Plan Energético Nacional, serio, realista y basado no en decisiones políticas sino en los recursos, capacidades y necesidades del país con el menor impacto posible sobre el bolsillo de los ciudadanos. Pues eso, que aquí y ahora sobran el fanatismo y las mentiras y faltan luces.
