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Las políticas pronatalistas no son fáciles

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08.04.2026

La esperanza de vida al nacer es un buen indicador de la mortalidad que soporta la sociedad, ya que mide el número de años que vive una persona en función de las condiciones actuales de mortalidad. En la Unión Europea este indicador se sitúa entre los más altos del mundo. En concreto, está por encima del promedio de los países de la OCDE, donde ronda los 80 años, aunque queda ligeramente por detrás de los países como Japón, Suiza o Corea del Sur, que superan los 83–84 años.

En 2024, la esperanza de vida al nacer en la Unión Europea se situó en 81,5 años. Este dato confirma la consolidación de la recuperación iniciada tras el impacto de la pandemia de covid, que hizo descender la esperanza de vida hasta los 80,4 años en 2020 y a 80,1 años en 2021.

En Europa, a nivel regional, las diferencias en esperanza de vida siguen siendo notables. En 2024, solo cuatro regiones europeas alcanzaron o superaron los 85 años de esperanza de vida. Entre ellas destaca la Comunidad de Madrid, que encabeza la clasificación con 85,7 años. A la vista de estos datos, parece mentira que se produzcan tan duras críticas acerca de la mala sanidad madrileña.

En 2024, las mujeres en la Unión Europea alcanzaron una esperanza de vida de 84,1 años, mientras que la de los hombres fue de 78,9 años.

Todo lo anterior no significa que Europa no esté pasando por una enorme crisis demográfica, dado que la fecundidad, que es prácticamente la única variable que produce el envejecimiento (envejecimiento = personas con 65 años y más sobre el total de la población), está en Europa -y especialmente en España- muy lejos del nivel de reposición (2,1 hijos por mujer). O nacen más hijos o vamos a un mayor envejecimiento.

Ante esta crisis se suele rechazar la inmigración masiva y se apuesta por volver a la familia tradicional. Pero, como ha escrito Félix Ovejero.

"Esa receta descansa sobre un supuesto caducado: que la familia tradicional encaja sin fricciones con la economía actual. La economía no siempre confirma las intuiciones. A menudo, intentar lograr un objetivo produce el efecto contrario. Ocurre con las subvenciones al alquiler: se crean para facilitar el acceso a la vivienda, pero si la oferta de pisos es limitada, los propietarios suben los precios. Resultado: el alquiler se encarece y la medida acaba dificultando el acceso a la vivienda".

Un estudio danés de 2025 analiza esta dinámica con datos de 2010 a 2022. Los autores examinaron más de 20.000 trayectorias laborales y familiares. Resultado: cuando los hombres reciben un aumento salarial, su probabilidad de tener un hijo se incrementa alrededor de un 3%. En cambio, cuando el aumento lo perciben las mujeres, la probabilidad cae un 2%.

Y es que, aunque Dinamarca cuenta con políticas familiares generosas, el peso del cuidado de los hijos sigue recayendo sobre las mujeres. La maternidad implica interrupciones laborales, penalizaciones de carrera y una carga de tiempo difícil de compartir. Mejorar las oportunidades de las mujeres no facilita tener hijos: lo encarece.

Como se puede ver, no es fácil implementar políticas pronatalistas. Pero es imprescindible que se hagan y que tengan éxito.

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